Hilda Catz
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Como resultado de la observación, el tatuaje podría evaluarse a mi entender, en algunos casos, como un rito de pasaje, durante esa etapa de la vida de extrema vulnerabilidad, caracterizada por la depresión y los avatares de la transformación de los objetos de amor originales; una cicatriz, reveladora de un duelo; una pérdida a descifrar, y/o también como una búsqueda de una inscripción primordial, a la que nada la haga desaparecer, que no esté sujeta a ningún tipo de separación a través de l tiempo.
Según los aspectos de la personalidad puestos en juego, nos ayudan a descifrar los escollos que hoy cimentan el camino accidentado hacia la adultez. Detrás de la fijeza fotográfica del tatuaje, puede haber una grafía escrita en tinta indeleble, que queda aprisionada, pero no sólo nos reclama descubrirla, re-crearla; sino en algunos casos, imprimirla por primera vez mediante el trabajo analítico.
Los jóvenes que deberían ser considerados como el futuro de una sociedad, debido a procesos de fragmentación en el plano de la estructura social, de las instituciones y de la construcción de subjetividad, se fueron conformando como un grupo de riesgo.
Al mismo tiempo sectores de los mismos que sufren una marcada exclusión social, eligen formas violentas para expresar su identidad. Es el caso de los ‘pibes chorros’ que adquirieron formas de trasgresión y riesgo que los ubica próximos a conductas suicidas. Además es observable en la construcción simbólica de ellos mismos, en los estilos de consumo de drogas, en la producción de música y en los emblemas que utilizan, que se manifiesta también mediante tatuajes con que adornan y transforman su cuerpo en una gráfica significativa.


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cuadro Hilda




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DE HILDA CATZ