Hilda Catz

    ENTREVISTA / REVISTA AEROLINEAS ARGENTINAS curriculum

Dibujar es una manera de ver el mundo, e Hilda Catz lo supo desde muy pronto; para ser exactos, desde los tres años, cuando su padre le mostró el fascinante universo al que podía acceder a través del papel y el lápiz. A partir de entonces, los trazos no serían para ella solamente un modo de afinar la observación, captar el detalle y rescatar instantes, sino un espacio reparador. "Voy a dibujar el mundo muy chiquitito y te lo voy a pegar en los ojos, para que lo veas", cuenta que le decía a una abuela que había perdido la vista, y rescata el impacto que esa experiencia infantil tendría en su camino. Porque ayudando a ver fue como empezó a desplegarse el juego de esta artista y psicoanalista que abraza diversas formas de expresión, entregándose al vaivén del sentido sin clausurar ninguno.

Catz dibujó, pintó, esculpió y modeló, siempre a la par de la atención de su consultorio. Con la poesía a flor de piel, el arte como horizonte y timón, ella navega adentro suyo y emerge con sus obras, que han sido expuestas en Roma, Canadá y los Estados Unidos, y muchas de ellas pertenecen a importantes colecciones de arte internacionales, como la de John Coatsworth, de la Universidad de Harvard, y la de David Tuckett, de Londres, entre otras. Alumna de grandes maestros: Aurelio Macchi, Antonio Pujía y Juan Carlos Distéfano en escultura; Carlos Gorriarena y Guillermo Roux en pintura; y Aída Carballo en grabado, encontró el modo de conjugar sus dos grandes vocaciones al ser ambos, según ella,



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